Sunday, November 23, 2014

La Lista Negra


A Ulises ya los surcos de su cara, de tan profundos, más que una marca de vida eran la vida en sí misma, llena de recovecos y meandros, de esos que hablan de tiempos ya olvidados…

De aquellos tiempos cuando solo unos pocos guapos se le animaban a lo inexplorado, a lo enigmático, nadie como él tuvo el valor de hacerlo en pos de unos cuantos tangos perdidos, esos de los que algunos decían que podían ser encontrados entre las arenas blancas y el mar mansito de la costa Oeste de La Florida.

Y eso que más allá no estaba la inundación, sino el fin del mundo...


Hoy sabemos que todo Milonguero que se precie tiene su Lista Negra, para algunos, los más bondadosos, amables y civilizados, es una lista sutil, solo indicadora, correcta, organizada, hasta alegre y conciliadora...

Para los otros es un documento inflexible, duro, inexpugnable, cargado de rencores, desordenado como corresponde y de concepción misteriosa y lúgubre.

Ulises no le iba a escapar a este último destino...

Por diversas razones y a través de los tiempos milongueros, esa Lista le habia crecido en forma geométricamente desproporcionada a la de su cuerpo de bailarín, y hasta algunos creen haberla visto.... y solamente en esas pocas tardes frías del invierno muy corto, cuando las primeras sombras austeras se colaban misteriosamente entre las hendijas imperceptibles de las milongas.

Los memoriosos dicen que no se le achicó a la ciclópea tarea de vencer al monstruo verde de Los Everglades cuando su Lista, ya tan voluminosa y pesada de llevar habia encogido su alma, y por la angustia, su pecho habia quedado reducido a cenizas, blando, penitente, incapaz de albergar nada.

Y desde la vieja Calle Ocho hasta los recónditos límites del New River ya no habia nombre de mujer milonguera que no estuviera allí presente, dolorosamente presente, dolorosamente real.

Solo Anne  se salvaba.



Sí.  Anne la pequeña rubiecita hija de los irlandeses del Southwest, que de tan paciente y con su estilo impecable le llenaba el alma de tangos, de tangos suaves y discretos, de tangos desapasionados, inocuos, elegantes, limpios… pero ya para él no era suficiente.

Por todo esto Anne era todo el Miami...  todo el Miami que Ulises podia recorrer.  Anne, la única mujer de la comarca que no participaba de la voluminosa nómina, la cual había empezado a tomar cuerpo hace como unos cincuenta años, cuando Paulina (ante la ira de los Dioses)  optó por seguir con su mirada perdida en el aire ante su discreto y sutil cabeceo.

Y justo con él, por el cual todas las señoritas y señoras del siglo pasado soñaban en las noches de verano con su estilo endemoniado, sensual y adherente.

Se dice que esto despertó en su ser la difícil decisión de ir aceptando su destino…

El mundo se le vino abajo, y todo como en un presagio desfachatado, los hechos comenzaron a hilvanarse en una cadena de largas y extensas circunstancias...   Aquí mencionaré (si es que lo decido) sólo los detalles más superficiales...

Ya estaba empezando a pasarle que al entrar a una milonga, primero él y luego su pesada carga, (especialmente cuando Anne no estaba en la ciudad, o simplemente ella habia preferido quedarse a regar su árbol de magnolias)... él tenía que contentarse con escuchar un par de tandas, hablar con el DJ de turno acerca de si El Adiós de Pugliese de los 60s era más sentido que el de Canaro de los 30s (en lo cual yo consiento) o cualquier otra conjetura tanguera, que pasaba rápidamente a convertirse en la más absoluta nimiedad, por ser su ticket de ida…  solo de ida a su perfecta imposibilidad de bailar.

Y quizás ninguna noche más… quizás nunca más.

Entonces y solo entonces entendió la señal... Y un día, tal vez nefasto, y contra todos los consejos de sus mejores amigos, incluída Anne, se decidió a cruzar la infranqueable frontera de Los Everglades, como lo habia hecho Ponce De León en la búsqueda infructuosa de El Dorado….

Los caminos se le abrían, primero algo fáciles, para luego transformarse en olores desagradables y nauseabundos, con la persistente pestilencia del que no es bienvenido... Solo el tango lo adormilaba en las interminables noches de soledad de este viaje tan largo y triste como su propia fatalidad.

Hasta que un dia, inesperado, cuando ya pensaba en su fracaso irrefrenable, cree avizorar una línea blanca y perfecta en el horizonte, tan blanca como las almas que él habia soñado y tan perfecta como el futuro que deseaba.

Y allí estaban, como le habían contado... todos esos tangos atrapados entre las arenas blancas y el mar mansito de la costa Oeste. Todos, absolutamente todos estaban allí, los miles de tangos que se habían escrito, y por obra de la ventura, todos los tangos que iban a ser escritos, no en los próximos siglos, sino en toda la eternidad milonguera….

Y todos ellos albergados, encerrados, atrapados en miles de milongas, diversas, diferentes entre sí, con luces de neón las más osadas, reservadas algunas, intrigantes otras, hasta con gatos de porcelana, pisos mullidos, olores a incienso, con DJs elegantes o adustos, pero con todos esos tangos que se dejaban abrazar….

Y todas las milongas con unas puertas inmensas, sensuales, atrapantes, por las cuales era imposible no sucumbir a la invitación de atravesarlas limpiamente…. Y Ulises fue a cada una de esas milongas, feliz, muy feliz de no encontrar ni una cara conocida y más feliz de saber que ni la eternidad misma le iba a alcanzar para bailar todos esos tangos, los muchos (en realidad pocos) que conocía, y los tantísimos otros que eran nuevos para él, pero increíblemente bellos, dulces o desgarrados y tristes.

Y entonces comprendió el porqué de las puertas desmesuradamente grandes y amplias, incluso ya no necesitó hablar con nadie (algo que a él no le gustaba, si no era estrictamente necesario), al poder ver el alma de los otros bailarines… que como él, también  cargaban con sus Listas inmensas…


Y entonces comprendió la redención que el destino le ofrecía... ser absolutamente libre, sin mujeres milongueras de miradas desinteresadas, pero conociendo y aceptando su propio cuerpo, y los tangos que lo iban invadiendo despacito, de a poco, en esta perfecta individualidad tanguera, en esta perfección de bailar solo, muy solo en este purgatorio verde.


Algunos cuentan que, Ulises, entonces, y solo entonces… fue feliz.


© Luigi Seta

3 comments:

Alejandro Seta said...

Un día feriado en Argentina (la vuelta de Obligado) empieza maravillosamente con esta hermosa historia de Ulises y Anne. Muy buena, Luis, tu escritura. ¿Hubo o hay otras historias? Abrazo

Luigi Seta said...

Hay otras historias, producto de esta pasion por el tango.... se van a ir desgranando...

Carolina Seta said...

Y a seguir Milongueando a traves de las listas negras! que seran blancas muy blancas...... Muy bueno Amore!